Estar sin ser visto. Sentir sin interrumpir.
Dicen que el buen fotógrafo debe pasar desapercibido.
Pero nosotros creemos algo distinto:
no se trata de ser invisible,
sino de estar tan dentro de la historia que los protagonistas te olvidan.
No porque no estés,
sino porque confían.
Porque saben que no venimos a dirigir nada.
Venimos a sentir con ellos.
A caminar a su lado.
A respirar el mismo instante.
A emocionarnos sin hacer ruido.
La magia ocurre cuando te invitan a vivir el momento y tú tienes la sensibilidad de registrarlo sin romperlo.
Sin interrumpirlo.
Sin convertirlo en pose.
Esta foto no fue pedida.
Fue vivida.
Y eso lo cambia todo.
Porque cuando el fotógrafo se funde con la escena, no se capturan imágenes…
se guardan memorias.
Carles Figuerola