Detalles que respiran.
Un vestido colgado es bonito.
Es un bodegón que guarda memoria de cómo era.
Pero un vestido en movimiento,
acompañado de una sonrisa,
de un suspiro previo,
de la tensión en los dedos que sujetan el ramo…
eso no solo muestra cómo era, sino cómo se sentía.
Porque los detalles, por sí solos, pueden ser preciosos.
Pero cuando los humanizas,
cuando les das contexto y emoción,
pasan de ser objetos a convertirse en recuerdos.
Por eso buscamos los encuadres donde los protagonistas y sus detalles se encuentran.
Porque ahí nacen las imágenes que cuentan mucho más que lo que se ve.
Detalles que respiran…
Carles Figuerola